Pedro Pastor

Pedro Pastor

Estilo: Cantautores


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Pedro Pastor

A Pedro Pastor la canción de autor le viene de casta, pues es hijo de Luis Pastor y Lourdes Guerra y sobrino de Pedro Guerra, por lo que ha debido aprender el oficio desde la cuna.

Como corresponde a los tiempos que le ha tocado vivir, a Pedro le va la mezcla de estilos, el pop, el rap, y hasta las baladas con la canción de autor, para transmitir sus mensajes de crítica social y política que no le impiden dedicar letras también al amor, a las relaciones personales vistas desde el prisma de un joven del S. XXI.

Su álbum Solo Luna es el tercero de su trayectoria tras La vida Plena y el minilp Aunque Esté Mal Contarlo. Lo presenta en solitario o junto a su banda Los Locos Descalzos, según la ocasión.

Pastor demuestra también su visión rompedora de la industria musical, ofreciendo la descarga libre y vendiendo el trabajo en formato físico solo en sus directos y a través de internet, sin intermediarios.

Nací en libertad un 18 de noviembre de 1994 en Madrid, en toda la libertad que cabe en una ciudad. 
Hijo de Luis y Lourdes, siendo el pequeño de tres hermanos, uno por parte de madre y otro por parte de padre. A mis cuatro años nos mudamos a Rivas y es verdad que en los barrios se respira mejor.
Jugué con todo tipo de instrumentos en mis primeros años; fui a clases de piano, pero no creo que un niño pueda aprender un instrumento de manera natural en un aula, y terminé por dejarlo.


A los doce me senté por primera vez durante horas con una guitarra, probé ese vicio y me enganché de lleno, ahora no sé muy bien que sería de mi sin mi guitarra –una Louden con cuerdas de nylon que heredé de mi tío–.
 Con los cuatro acordes que me habían enseñado toqué muchas horas, muchos días, muchas canciones que encontraba en internet; y a los trece compuse la primera canción, era una rumba, por supuesto.


Desde entonces todo canciones. Había un ordenador en mi casa con un protools y un micrófono y solito grababa mis propias maquetas. 
Creo recordar que fueron cuatro –de unas diez canciones cada una–, las distribuía en los conciertos de mi padre que por aquel entonces me dejaba cantar un par de temas. 
Luego empecé a ir como guitarrista también y esos conciertos eran magia: madre, padre y yo en el escenario como en frente de la chimenea en el salón de casa. 
Y las canciones seguían naciendo.


En casa siempre se escuchó buena música, de "autor" sobre todo. 
Luis cantaba a Caetano y a Djavan, a Chico César y a Buarque, a Zeca Afonso y a Fausto. También se escuchaban cantos africanos. 
Lulu cantaba a Chavela y a Mercedes Sosa, a los Palmera y a Agustín Lara, bueno, la verdad es que Lulu se sabía todas las canciones del mundo.
Mi abuela, en los veranos en su coche, ponía a Serrat y a Drexler.
Ya en mis principios de conciencia, recuerdo que con Quique González me dio un vuelco todo, luego me pasó con con el segundo disco de Bebe, después con La Cabra Mecánica y también con Chaouen y Paco Cifuentes.
Iba bebiendo de lo que escuchaba y nacían más canciones.
En cuanto a los conciertos, mi primero en solitario fue a los quince años, en mi barrio y defendiendo mis composiciones. 
A los dieciséis, gracias a que la vida me había juntado con Andrés Sudón en un concierto de Luis en Salamanca, descubrí el "Micro Abierto del Libertad8", donde sí que puedo decir que me cambió la vida. Empecé a frecuentar la calle Libertad y a volverme loco con la calidad que había entre esas cuatro paredes; cantautores y cantautoras cantando, a metros de mi, canciones como las que yo quería componer.


Iñigo Coppel y Dani Fernán fueron los primeros descubrimientos que me abrieron la puerta de su casa y me cantaron sus canciones y escucharon las mías. 
Cada noche al regresar a casa me ponía a componer y empezaron a salir las canciones que han sobrevivido al paso del tiempo y permanecen, por ahora, en el repertorio.


Tres meses después me presenté por primera vez en Libertad8, todo era una locura.
 Pasé noches y noches en la Sala Libertad, aprobé bachillerato, aprobé la selectividad y nunca más pisé una universidad para otra cosa que para cantar.

Aquel verano, grabé mi primer EP, "Aunque esté mal contarlo" (2012). 
Fue en agosto en la casa de Joaquín Kamikaze, grabamos seis canciones, guitarra y voz, en directo y sin claqueta. Manu Clavijo grabó violines en dos de aquellas canciones, Joaquín grabó bajos y eléctricas en otras dos y Lulu coros en una.

Andrés Sudón me llevó a cantar a Salamanca; Alberto Alcalá compartió un concierto conmigo en La Tertulia de Granada, Muerdo me llevó con él a hacer tres conciertos por el levante y se consolidaron muchas cosas en mi cabeza; entonces decidí, si quedaba alguna duda, que quería dedicarme a esto el resto de mi vida.

Y así ha sido hasta ahora.
 Muchísimos conciertos en muchas ciudades; tres mil ejemplares vendidos de "Aunque esté mal contarlo"; nuevas fuentes de inspiración; nuevos descubrimientos; una fundida amistad con Suso Sudón que ha dado para dos giras y muchas creaciones compartidas; nuevos besos; viejos amigos y la lucha de cada día por despertar, por el cambio social y por rescatar la humanidad y la naturaleza que el maquillaje y el asfalto no nos deja ver. Cumplí los dieciocho cantando en el Libertad8.


En 2014, entre enero y septiembre, grabé con Markos Bayón ˝La vida plena˝, mi primer niño grande; una selección de once canciones compuestas en los últimos tres años acompañado de una banda de campeonato; un disco soñado durante mucho tiempo y con el que me he quedado más que satisfecho. "La vida plena" se presentó el 10 de octubre en Galileo Galilei y fue autoeditado.


¿A partir de ahora?... toda la vida por delante para cantarlo y contarlo todo. 
No hay quien nos rinda.